Desde Moscú a Rostov del Don
Rusia: historia y vida al aire libre

En las interminables llanuras del sur, en la suave costa del mar Negro, en los bosques cercanos a Moscú y en las altas cumbres de los Urales, esas que dividen Europa de Asia. Durante un mes, en la pasada Copa Mundial de Fútbol, la pelota corrió a través de un interminable y sorprendente país: Rusia.

Un universo de culturas, grandes ciudades, pueblos milenarios y una geografía que apasionó no solo a los amantes del fútbol si no que a todos los que disfrutan del aire libre, el deporte y la vida sana.

Fueron 30 días en los que, junto a Merrell, mi fiel compañero de viaje, pude recorrer la mayoría de las sedes del mundial, descubriendo la esencia de los rusos, sus hábitos y costumbres. Así pude también comprobar cómo los habitantes de este infinito país, aprovechan muy bien los espacios para desarrollar actividades deportivas, convirtiendo la naturaleza y las calles en verdaderos gimnasios.

La ruta comenzó en 1.200 kilómetros al sur de Moscú, la antigua ciudad de Rostov del Don, en medio de centenarias rutas comerciales que unen Rusia con la región del Cáucaso y Asia Central. A orillas del río Don, muchos de sus casi 1.200.000 habitantes aprovechan su bien cuidada costanera para trotar y practicar yoga en algunas de sus pequeñas plazas.

Unos 800 kilómetros al noreste, aparece la histórica y simbólica ciudad de Volgogrado, ex Stalingrado. En ese lugar, se libró una de las batallas más sangrientas de la humanidad, cuando el ejército alemán cayó derrotado ante las fuerzas de Stalin. Murieron casi 2 millones de personas y muchos dicen que ese hecho marcó el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. Esa energía se puede sentir al visitar la colina más alta de la ciudad, Mamayev Kurgán, donde está emplazada una gran estatua en honor a los caídos. Sin embargo, el deporte también tiene su espacio. En la orilla del gran río Volga, el más largo de Europa con 3.900 kilómetros de largo, se puede ver gran cantidad de corredores, ciclistas e improvisados gimnastas que utilizan algunos aparatos para ejercicios. El verano es muy caluroso y la mayoría disfruta al aire libre antes de los meses de invierno donde la temperatura puede llegar hasta los 15 grados bajo cero.

Más al norte y siguiendo la ruta del Volga, está Samara, urbe conocida por ser la segunda capital rusa en la época de Stalin y también por ser cuna de la industria aeroespacial. El río pasa tranquilo por aquí y la playa fluvial es un excelente lugar para observar la ciudad. Sobre la arena, jóvenes, niños y adultos practican vóleibol y fútbol, mientras que otros más osados desafían la corriente y se atreven a nadar algunos metros.

La última parada fue la impresionante Moscú. Plagada de grandes edificios que hacen recordar la Unión Soviética, con sus anchas avenidas y bulevares, además de su única red de metro, con estaciones que son museos bajo tierra. A un costado del río Moscova, que le da el nombre a la metrópoli, está ubicado el Gorky Park, núcleo de la recreación y el deporte en la capital rusa. Sus 100 hectáreas de extensión dan lugar al desarrollo de múltiples actividades al aire libre, en medio de lagunas, bares y restaurantes. Canchas de vóleibol playa, pista de patinaje, tenis de mesa, pilates, jogging y hasta trapecios circenses están disponibles sin costo para los visitantes que siempre lo repletan. Es el pulmón que da vida a esta fascinante ciudad. El mundial de fútbol fue una buena excusa para sumergirse en esta potente tierra, llena de lugares históricos, colores, sabores, tradiciones, idiomas y también de fanáticos de la vida al aire libre.